domingo, 18 de noviembre de 2012

Behovia-San Sebastián 2012...continuación (Manolo Romero)




   Tras la magnífica crónica que nos ha brindado nuestro amigo Mauricio, me gustaría relataros la experiencia vivida, aparte de la carrera, por  los corredores y el grupo de apoyo, en los cuatro estupendos días que disfrutamos en San Sebastián. 
Viernes 09/Nov. Reunión en el aeropuerto con una buena parte del grupo, más ilusionados que un niño en Navidad. Tras una hora y cuarto, en Bilbao; otra hora y cuarto más en autobús  y… ¡magia! : ya estamos en Donostia. Nada más llegar, nos apresuramos en soltar las cosas en la casa reservada gracias a Manolo Marín, que era  de la madre de su buen amigo Iñaki. Rápidamente, nos dispusimos a comprobar la buena fama de los pintxos y el txakoli en el Sport, el Guextauri, el Gambara. ¡Qué maravilla¡,  todos a tope y con una variedad que no sabes a qué acudir. Os aseguro que es cierto, los pintxos están de muerte y cuando quisimos acordar nos habíamos puesto “finos” de cervezas y txakoli. Fuera seguía lloviendo, pero no le hacíamos mucho caso. A las dos de la mañana ya estábamos acostados.


Sábado 10/Nov.       Desayuno cerca de la casa, echando un vistazo al estupendo  mercado que teníamos a 100 metros. ¡Qué verduras, pescados y mariscos!, ¡lástima que no podíamos cocinar!,  je,je....


   Llegan los de la otra casa (Herminia, Paola, Blas y Mauricio) y con ellos Aitziber, la hija de Román, a la que algunos compañeros ya conocían;  yo no tenía el gusto, pero he comprobado  que es encantadora y muy guapa. Nos marchamos hacia Anoeta a recoger el dorsal.  Una Feria del Corredor muy completa y bien organizada; allí compramos algunas cosillas y además los “fotógrafos y periodistas” nos sacamos los “pases de prensa”.  


Se nos hizo un poco tarde y nos dieron de comer de milagro, porque los restaurantes que nos recomendaron estaban a tope y estaban cerrando la cocina. Pero encontramos el “Noentra” y comimos bien, barato y  con muchas risas. Tras la comida, un paseo con visita a la catedral incluida y un receso para coger fuerza.  Por la noche, ya con las baterías cargadas, nos fuimos a la “cena de la pasta”, pero nos la organizamos nosotros, pasta fresca y todo muy rico: La Raviolina una pizzería en el casco viejo, muy, pero que  muy recomendable, por su carta y su amabilidad.


Después de la cena, los atletas (la mayoría) a la cama y los demás nos fuimos a ver el Málaga que casualmente jugaba con la Real. ¡Qué fatiga!, llegamos unos minutos tarde al bar y ya iban 0-1; eso sí,  el gol del empate lo gritamos de lo lindo y, claro, la gente se quedó pillada, porque no se podían imaginar que allí había seis malagueños infiltrados. Para cuando marcó la Real ya éramos todos amigos y nos lo estábamos pasando de maravilla; los felicitamos, ya que por lo visto les hacía faltan los tres puntos más que a nosotros. Esta vez nos hemos portado mejor, sólo son las 12:30,  pero ¡vámonos!,  que mañana es la carrera...

Domingo 11/Nov.  Por la mañana, muchos nervios,  los corredores  ya  habían salido  para el tren;  nosotros  (Herminia, Mª Carmen y un servidor) desayunamos en condiciones, para coger fuerzas para la tarea que nos quedaba. Cachondeo no nos faltó, porque con los pases y un micrófono que compramos en los chinos, iniciamos la tarea periodística.


Nos dirigimos hacia el km. 19, que estaba pasado el Kursal y allí tendríamos una buena visión. Al principio hasta el sol nos acompañó, pero poco tardó en llegar la lluvia, aunque nosotros a lo nuestro. Se nos unía  entonces José Antonio y Pepi , con sus pases también, ¿cómo no?. Impresionante las handbikes y sillas de ruedas. Las primeras corrían de lo lindo y, dado su bajo centro de gravedad, tomaban la curva, con el agua que había,  que daba susto. El primero fue Joel Jeannot (francés), que  registró 37:33 min., ¡una pasada!: 32 km/h de media. Luego llegaban los rollers; el primero ,Vidondo Fernández (Vitoria),  lo hizo en 39:43,  a 30Km/hora, que tampoco está mal. La lluvia apretaba y el viento racheado también. Sabíamos que los nuestros se estaban batiendo el cobre con el terreno y las inclemencias del tiempo. Todavía quedaba un buen rato para que llegaran y nosotros, en lugares privilegiados, como nos autorizaban los pases, haciendo fotos a todo lo que se movía. No había pasado todavía una hora de la salida de los corredores (10:30h) cuando apareció el ganador de la prueba: Jaume Leiva (Barcelona) con 1:01:33, pero que tiene como mejor marca personal en medio maratón 1:03:35, un "bicho". Al poco tiempo, nuestro compañero Ángel Farfán 1:14:35. Tras él, a poca distancia, la primera chica, Oihana Kortazar ( Mutriku) con 1:14:45. Pendientes a las camisetas amarillas, en breve apareció Manolo Marín, ¡qué buen tiempo y qué bien se le veía!, que terminó con 1:19:58, cinco minutos menos respecto a su participación del año pasado, ¡eso sí que es mejorar!. Dos minutillos más tarde llegaba Blas, ¡muy bien!, ¡qué manta de agua caía!.



Estábamos calados hasta tal punto que antes de lo previsto decidimos volver a la meta para tratar de buscar refugio. Pero todo lo contrario: allí más agua, frío y viento, de modo que decidimos refugiarnos en un bar, tras cambiarnos algo de ropa en la casa, puesto que todo estaba muy cerca. Al rato comenzaban a aparecer por el bar los corredores, primero Ángel y Manolo, que se habían duchado; luego llegaba Blas, con la pinta que podéis ver. 


¡Qué bueno!, el poncho abrigaba y era lo mejor para combatir el frío, la lluvia y el viento. Llegaban Mario, Paola y Aitziber, los tres más contentos que unas castañuelas. Había merecido la pena todo el  sacrificio.  La  carrera impresionante por el apoyo de la gente durante todo el trayecto y además habían mejorado sus expectativas de tiempo con creces. Ya todos juntos nos fuimos hacia el casco viejo. Teníamos reserva en un restaurante frente a la Raviolina, pero como era temprano nos comimos unos pintxos en la plaza de La Constitución, ¡qué rico el de foie!; José Antonio lo consideró como el mejor de todos los probados.


   El almuerzo: estupendo menú de 18 euros, pero por 4 euros más nos ponían solomillo de ternera al foie, de modo que ¿quién se iba a negar?. Bien comidos y bebidos, nos echamos a las calles de esta ciudad tan bonita y acogedora, guiados por Aitziber, que se mostró como la mejor anfitriona. Por la tarde se despedía, porque la carrera “pesa” y ella sí tenía que trabajar al día siguiente. “Aitziber beti, dena eskerrik asko” (Hasta siempre Aitziber, gracias por todo).  Donostia se patea fácilmente y terminamos ya de noche en el muelle nuevo, viendo las olas romper en el malecón. De  ahí al Pub Txurrut, donde habíamos visto al Málaga y allí nos tomamos unas cervecitas y algún que otro “invento”(Amaretto con naranja) para hacer boca; y dio resultado, porque al poco rato ya estábamos en el Sport comiendo pintxos, pero ya éramos menos, ¿los más golfos?: Manolo, Ángel, Mª Carmen y yo, pero siempre acompañados de nuestros amigos de Donosti, que no nos dejaban  marcharnos.

Lunes 12/Nov. ¡Bien! Se acabó la lluvia, amaneció una mañana preciosa, aunque nosotros no la vimos hasta pasadas las diez, claro está. Tras el desayuno nos fuimos a ver las olas, esta vez de día, para hacer fotos . Llegamos hasta el puerto pesquero, en una de las puntas de la bahía de La Concha, precioso y con el solecito…¡uhmm.! Allí nos juntamos con Ángel y Manolo, que venían con un amigo de este (bombero), Joseba, vasco de pro y a punto de jubilarse, buena gente. Nos hizo de guía, llevándonos a la otra punta de la bahía, al final de la Playa de Ondarreta para ver El Peine del Viento, de Chillida. Está compuesto por tres esculturas de acero, de 10 toneladas de peso cada una, incrustadas en unas rocas que dan al mar Cantábrico, cuyas olas las azotan. Realmente chulas y dignas de disfrutar en ese fantástico entorno. En los alrededores  hay unas salidas de aire y agua que se abastecen de las olas que rompen contra las rocas y las esculturas; éstas originan más de una escena cachonda; si no, que se lo digan a Paola,  ¡je,,je,,je!. Volvimos ya al casco viejo, para despedirnos de los pintxos y el txakoli. Pero antes teníamos una tarea importante: comprar morcilla de cebolla de la charcutería de Iñaki, que la habíamos probado el día anterior y se nos cayeron dos lagrimones de felicidad. Ya aprovechamos y compramos carne de membrillo, quesos, etc.  Iñaki no se pudo resistir y nos regaló dos botellas de sidra del terreno. Con unos vasos comprados en los chinos, nos dispusimos a ir por las calles del casco viejo haciendo botellón, con la ayuda de Joseba, que nos la escanciaba, ¡qué golfos!. 



   Ronda de pintxos y con la “cosilla” de que esto se acababa Para compensarlo, Iñaki nos invitó a visitar su Sociedad Gastronómica, para tomarnos allí el café. Nos quedamos boquiabiertos con el despliegue de medios, con las facilidades y ventajas que les aporta el ser socios y pensando –no me preguntes porqué - que esto solo puede funcionar aquí , en el País Vasco.   De allí, ya con el tiempo calculado, nos llevó Joseba al autobús que nos llevaría a Bilbao y “los de la otra casa” directamente en su coche de alquiler para el Aeropuerto. Llegamos cansados a casa, a más de las 01:00h , pero con la sensación de haber estado, por lo menos, una semana de vacaciones.
   En definitiva, es fácil hacer amigos en Donostia; de hecho nos hemos traído unos pocos, todos ellos de “la cuadrilla”(1) de Iñaki. Hospitalarios como ellos solos. Como muestra,  ya tenemos casa para el año que viene y ofrecida de todo corazón. Algunos ya la conocíamos, teníamos muy buenos recuerdos de otros viajes, pero este nos ha dado una dimensión que nos hace estar mucho más enamorados,  si cabe,  de la “ciudad más bonita de España”. La culpa: de los estupendos compañeros del Club y de nuestros ya amigos donostiarras.


¡Nos vemos el año que viene, en la 49ª Behovia-San Sebastián!.

(1)   La cuadrilla en el Pais Vasco es un grupo de gente que desde pequeños se une y sigue junta hasta la vejez.  Os recomiendo leer esta definición

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