miércoles, 12 de noviembre de 2014

Behobia- San Sebastián 2014




Crónica de José Carlos Rodrigo

Enfoco el encargo de la crónica de la Behobia desde mi condición de único novato de la expedición del Club compuesta, como es conocido, por Blas, Mauri y yo mismo, acompañados por nuestras respectivas (Hermi, Paola y Patricia), y guiados por el “guipuzcoano de adopción”, Manolo Marín, todo un donostiarra de corazón.
La experiencia empieza mucho antes de la propia carrera con los preparativos del viaje, la inscripción, el dorsal, etc. En general, mi sensación, luego confirmada, es que detrás de esta carrera hay una gran organización. Este año, como sabéis, se celebraba, ni más ni menos, que el 50 aniversario. ¡Ahí es nada! No creo que haya muchos eventos que puedan presumir de tantas ediciones y con un éxito creciente, como es el caso.

Vísperas

Luego de un viaje sin contratiempos, una vez ya instalados en San Sebastián, en casa de Miren, iniciamos la visita tradicional al casco viejo a reponer fuerzas en templos del pintxo conocidos como el Sport, el Gandarias o el rebautizado, “Chucrut”.
A la mañana siguiente, sesión de rodaje en el incomparable marco de la playa de La Concha, todo un lujo y, después, a por el dorsal y la feria del corredor. Aunque inevitables las colas y esperas, la verdad que la organización demuestra su gran experiencia acumulada a lo largo de las 50 ediciones, y todo está muy organizado. La feria, magnífica y muy volcada a los corredores y la carrera (por ejemplo, allí mismo se adquiere el billete de tren para ir al día siguiente a la salida, en Irún). Tras la comida, la tarde la completamos con paseo y descanso hasta la hora de cenar. Los amigos de Manolo, y ya nuestros amigos, nos obsequiaron con una típica cena de pasta previa a cualquier carrera. Pero, como estamos en Guipúzcoa, no podía ser en un italiano sino que tenía que ser en una sociedad gastronómica, y con una delicia a base de calamar, gamba y almejas del país, que enriquecían la salsa de nata con que se acompañaba la pasta fresca. Una delicia.

El día de la carrera

Se empieza muy temprano, sobre las 6:30 h., con el desayuno de cada cual y sus liturgias: el que desayuna como todos los días, el que desayuna solo fruta, el que no desayuna, el que busca “nidos”... Cada cual, con su afán. Pero, eso sí, a las 7:30 camino de la estación y, de pasada, ya vemos los trabajos de instalación de la meta, al lado de casa.
En el tren, todo corredores y rollers. Gran ambiente y cada ‘grupeta’ con sus conversaciones y anécdotas y sus nervios: que si uso tal gel, que si voy a salir a mejorar, que si a ver si no llueve, que este año corro esto o aquello, que si he perdido la chispa y voy lento,... Y del tren, al bus lanzadera, que nos aproxima a la zona de salida. En procesión, todos caminamos en fila con ritmo ligero y empezamos a escuchar la excelente megafonía de la organización. No llueve y eso también anima y, poco a poco, te ves inmerso en un enjambre de corredores ultimando sus preparativos para entregar la mochila: hay que ponerse el chip, la vaselina, el dorsal, el poncho, por si llueve, ¿cómo se pone el chip?, ¡qué frío!, coger el gel, ¿dónde hay un “cagarrutero”? …y, por último, la foto de colegas con el dorsal y... la bolsa la camión y, después, ¡¡a calentar!! Pero, ¿cómo se calienta en mitad de esta marea humana? Pues en zig zag, como se pueda, y si hace falta, se cruza la frontera y se va uno a Francia.
Como los horarios de salida eran diferentes (en función de la marca previa acreditada) nos despedimos, deseándonos suerte, y cada uno en su lote, a esperar su turno de salida.
Con puntualidad sajona, y una animación por megafonía digna de admiración, se van dando las salidas consecutivamente y, creedme, es aquí donde empieza el verdadero espectáculo.
Se trata de una carrera en línea de 20 km y que ha congregado, en esta edición, a más de 30.000 participantes. Pues bien, aunque tus compañeros te cuentan cómo se vuelca el público con la carrera no te haces una idea de lo que es, hasta que te ves corriendo, desde la salida, en un pasillo de gente, a ambos lados y de varias filas, en muchas ocasiones, que no paran de animar, saludarte por tu nombre y, literalmente, impulsar a los corredores ¡durante todo el recorrido! ¡Es increíble! Nunca he visto nada parecido. Kilómetro a kilómetro, se suceden los ¡Aupa!, ¡Vamos!, ¡Ondo!, … que te dan alas y te lanzan hacia la meta. Y todo ello, respetando la carrera y en un ambiente festivo y muy cordial (no recuerdo una sola queja, mala cara o, simplemente, que se me cruzara alguien en el recorrido). ¡Y tienes que ir chocando las manos a los niños que jalean tu nombre para llamar tu atención! De vez en cuando, una banda de música o un DJ móvil (alguno con la bandera pirata)… No se vosotros, pero yo no estoy acostumbrado a la gente así de volcada con una carrera.
Y cuando llegas a San Sebastián, aún más gente en la calle, durante todo el recorrido y siguen los ánimos y llegas a la recta de meta, en la avenida de Zurriola, abarrotada de gente, pasas por el Kursaal y entras en el Boulevard, donde, por fin, está la meta. Ya está hecho.

Resultados

Blas Correal: 01:18:34 Pos. Cat: 20 (Vet. II)
Manolo Marín: 01:20:12 Pos. Cat: 348 (Vet.)
Mauricio Casas: 01:35:05 Pos. Cat: 2.743 (Vet.)
Jose Carlos Rodrigo:01:28:21 Pos.Cat: 1.323 (Vet.)

La Organización

Impresionante. No recuerdo nada mejor, teniendo en cuenta las dimensiones del evento. Todo a la perfección. La animación, de primera. El trato, magnífico, los voluntarios y el personal, encantadores. La bolsa del corredor, estupenda y, sobre todo, el avituallamiento durante la carrera y posterior a la carrera, de gran categoría y, tan bien organizado, que no se formaron las temibles e interminables colas. Todo pensado y enfocado para los verdaderos protagonistas: los participantes. Simplemente, de diez.
Animo a los que quieran aprender, de verdad, cómo se organiza una carrera y las repercusiones tan positivas que tiene para una ciudad este tipo de eventos, a que se pasen por la Behobia y tomen buena nota. Creo que es un ejemplo de buena práctica difícil de superar.

Poscarrera

Como podéis imaginar, y dados los buenos resultados y la mejor compañía, aprovechamos para darnos unos homenajes culinarios dignos de la zona. Al “enllena ahí, niño” se sucedían las poses para las fotos con brindis y el disfrute de comentar los mejores momentos. Sin duda, de lo mejor del viaje.
Los amigos de Manolo (los Iñakis, Jon, Txavi, Carolina,…), con los que estamos en deuda, nos volvieron a homenajear por todo lo alto. Un verdadero lujo.

Conclusión

No exageran los que dicen de la Behobia que es una de las mejores carreras en que participar. Ahora estoy en condiciones de afirmarlo.
Adicionalmente, la excelente compañía de los compañeros del Club y la acogida de nuestros amigos donostiarras contribuyen a hacer de ésta una experiencia inolvidable.
Por eso, a nadie debe extrañarle que normalmente, quien la prueba, se promete volver. Y yo, también me lo he prometido.

Fotografías de la carrera

N.R. Nuestro compañero Manuel Marín, uno de los más asíduos colaboradores de este blog, también tiene su propia crónica: La carrera de Manuel Marín en Facebook



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