Este fin de semana se ha celebrado una nueva edición de los 101. Una carrera, que hoy comprendo, es distinta y que crea fieles que no faltan año tras año. Para mi era algo nuevo. Había corrido maratones por montaña y hasta un Genal por relevos, maratones y medio maratones. Estos es otra cosa, ni mejor ni peor pero especial.
Por eso me alegro de haber vivido la experiencia aunque no fuera completa. Ronda y todos los pueblos del recorrido se vuelcan con los corredores y ciclistas. Es un gran día para la comarca. Los pasos por las poblaciones son una fiesta y la mejor inyección para los participantes. La Legión se vuelca en la organización y cuida todos los detalles. Miman a los deportistas. Siempre atentos, con una sonrisa y dando ánimos en todos los puestos y responsabilidades.
Silvia echó la semilla en mi cabeza y en diciembre brotó la planta , nos inscribimos y conseguimos plaza. Ella, que aunque no corra apenas después de la pandemia, es corredora siempre, aceptó volver a salir varias veces a la semana y volver a los rodajes largos sin sáltarnos ninguno. Debíamos pasar de hacer 10 km a la semana a completar el 101.
Además íbamos a tener compañía el día de la prueba. Cotri y Merche, la pareja con más experiencia y kilómetros cada año, nos acompañarían y empujarían . Se sumaron otros dos amigos suyos, Antonio Aragoncillo y Alberto.
El viernes empezaba el trabajo, sobre todo mental, para enfrentar el reto. Vimos a Luis Enrique que volvía a la competición. Salimos del campo de fútbol en un ambiente eufórico a comernos el mundo. Ronda era una fiesta. La calle de La Bola un pasillo de energía.
Esta carrera tiene dos mitades. La primera es muy corrible y, guardando reservas se puede disfrutar. Los seis hacíamos una buena “Comunidad del Anillo” para llegar juntos al final. Pero como en la película, el camino dejaba heridas en forma de problemas físicos. Mi preparación y la de Silvia era corta y apresurada. Ella, aún sin correr, no se ha descuidado y es fuerte muscularmente. Yo soy más perezoso para trabajar la fuerza. Y se paga. Mis piernas empezaban a quejarse en Alcalá de Valle. Cotri, Alberto y Silvia se descolgaban y me acompañaban hasta reunirnos todos en el siguiente avituallamiento. Con Alberto llegué a Setenil. Solo por llegar hasta aquí merece la pena esta carrera. Es increíble el ambiente, una locura. No se quedan atrás Arriate y Alcalá. Los dos íbamos con problemas parecidos, tibia y rodilla en las bajadas. A pocos kilómetros después de Setenil, les liberé del “deber de ir todos juntos”. Esto yo no lo llevo bien. Es una ocasión única y prefiero que sigan adelante, dando lo que llevan
.
Es la segunda parte de la carrera. Con más cuestas y bajadas matadoras. Yo no iba volver para atrás así que sólo quedaba andar y andar hasta el Cuartel, donde abandoné. Los cinco siguieron juntos hasta que Alberto también se quedó atrás pero tuvo arrestos para llegar hasta Montejaque. Ya solo quedaban cuatro “negritos”. Les quedaba “lo mejor”: 30 km de noche con el perfil más duro y exigente. La estancia en el Cuartel es demasiado larga, coger mochila para la noche, cambiarse para el frío y tomarse el caldillo. Cotri es un compañero ideal, experto y el mejor capitán. Merche es un tractor que engaña, tan fina y tan fuerte. Silvia cuanto más kilómetros lleva mejor responde y Antonio es un tipo duro de pelar. Subieron a La Ermita y la bajaron, subieron El Hacho y lo bajaron. Antonio iba bien y se fue sin parar en los avituallamientos, llegando a la Alameda en 17:30. Afrontaron el atajo que hace el camino más largo posible hasta Ronda. En el Tajo estaba Álvaro, orgulloso de su madre Silvia para cruzar la meta. Todo en 18 horas.
Después supimos que Luis Enrique había abandonado en Setenil, que Joan Marc fue tercero absoluto con 8:26:33 y que se batió el record masculino de la prueba por José Angel Fernandez bajando de las ocho horas de largo: 7:42:46.